Esos hijos de cuatro patas, ¡cómo se aman!

Lo miras mal y te mueve la colita. Le sonríes y entonces salta. Le hablas y el perrito corre por la casa. Si es un gato, le regalas una caja de cartón y se pone como un bebé con juguete nuevo. Si es un pajarito, le tiendes la mano y se sube a ella… sí, las mascotas nos tienen bien entrenados.

Todo aquel que tiene una, o varias, sabe que nada se compara con la alegría de regresar al hogar y encontrar un compañero leal, que más que compañía es una presencia que se agradece, se celebra y se llora igual que la de un ser humano, a veces, incluso, más.

Sucede que las mascotas son mucho más que mascotas; nos dan amor y compañía incondicional, pero también son parte de la familia y como tal nos inspiran sentimientos de afecto y ternura. Además, su presencia es terapéutica; ayudan a reducir el estrés y por lo tanto favorecen la salud del corazón. A través de los años la investigación ha demostrado que la interacción con animales disminuye los niveles de cortisol (una hormona relacionada con el estrés) y la presión arterial. Específicamente los perros, se ha encontrado que aquellos pacientes con factores de riesgo coronario como diabetes tipo 2, obesidad o alteraciones del metabolismo, que tienen uno, tienen más actividad física, lo que a su vez, promueve la pérdida de peso corporal, disminución de los niveles de lípidos (colesterol y triglicéridos) y estimulación del metabolismo glucídico (Anderson, 1992, Gutiérrez, 2007).

A través de la historia, los animales han tenido un papel predominante en la vida del ser humano porque ejercen un efecto beneficioso en la prevención y recuperación de la salud física y mental de aquellos con quienes conviven (Mentzel, 2004). El solo acto de acariciar un animal de compañía libera endorfinas, oxitocina, prolactina, dopamina y reduce la concentración plasmática de cortisol, lo cual repercute positivamente en el estado de ánimo y proporciona sensación de bienestar (Odendaal, 2000). En términos de salud mental, la depresión, la ansiedad, el estrés u otros padecimientos pueden aliviarse mediante el contacto con animales, pues acariciarlos o simplemente observarlos tiene efectos relajantes y antidepresivos (Salama, 2012).

Los animales promueven la relación y socialización entre personas desconocidas, quienes se vuelven más solidarias y comunicativas. Además, por ser un foco de interés común, facilitan la comunicación entre distintas generaciones, la familia y la comunidad. De esta manera, ayudan a aminorar la soledad, aumentar los sentimientos de apoyo social y mejorar el estado de ánimo. Incluso, ayudan a los niños a desarrollar habilidades emocionales y sociales.

Por otra parte, la convivencia en el seno de una familia humana le reporta beneficios también a los animales, al recibir alimentación, espacio, cuidados de su salud, atención y afecto (Fraser, 2007).

Ahora bien, con las mascotas también llegan las responsabilidades. Saber cómo cuidarlas y alimentarlas es parte de ser dueño de una mascota. Es importante saber que ellas también pueden sentirse estresadas y fatigadas; que los miembros de la familia, especialmente los niños, sepan reconocer las señales de estrés en sus mascotas y saber cuándo no acercarse. Sea que tienes una o varias, de seguro ya has experimentado todos estos beneficios y posiblemente muchos más que no se han reportado.

Si no tienes ninguna y quieres compañía, podrías considerar adoptar alguna. Descubrirás que ambos habrán encontrado una nueva familia.

Foto: Pexels

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