El arte de saber respirar

Desde el primer suspiro cuando llegamos al mundo, hasta el último cuando nos toque partir, nuestra respiración usualmente está en “piloto automático”.

Observa tu respiración ahora, en este momento… si está profunda y calmada, con gran probabilidad te sientes tranquilo y gozando del presente. En cambio, si la respiración es corta y rápida o si estás congestionado, con gran probabilidad te sientes algo incómodo o inquieto.

Cuando ejercitamos el cuerpo, ya sea caminando, nadando, haciendo posturas de yoga o en cualquier otro tipo de actividad física, estimulamos la circulación y desarrollamos mejor capacidad de oxigenación. Ejercitándonos nos sentimos más enérgicos y alertas.

De igual manera, cuando cultivamos hábitos de alimentación saludable, promovemos mejor circulación y oxigenación. Por ejemplo, cuando comemos demasiado (nos hartamos), se dificulta muchísimo el buen respirar y hasta nos da sueño, o cuando nos excedemos en el consumo de alimentos picantes, nos sube la presión, nos ponemos rojos, sudamos y nos podemos agitar fácilmente.

También debemos estar pendientes al exceso de azúcar y a los endulzantes, ya que deterioran el sistema nervioso. Ninguna de estas situaciones debe ser un hábito frecuente si queremos mejorar la calidad de nuestra respiración y, por lo tanto, de nuestros estados de ánimo.

Los pensamientos, la comunicación, la memoria, nuestra manera de procesar y reaccionar ante diversas situaciones del día a día, nuestro desempeño atlético, académico, laboral y nuestras relaciones pueden verse afectados tanto positiva como negativamente según la calidad de nuestra respiración.

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El arte de respirar ha sido estudiado por científicos hace décadas, y desde hace miles de años los yoguis desarrollaron múltiples técnicas de respiración para optimizar nuestra salud y bienestar en general. Estas técnicas pueden ser practicadas diariamente, tal y como lavarse los dientes, ejercitarse, comer y leer el periódico.

Como toda disciplina, el buen respirar requiere de práctica, determinación y paciencia. Mientras más practiquemos estas técnicas, más experimentaremos sus resultados y beneficios. Vamos desarrollando una mejor relación con el acto de respirar y una mejor consciencia de cómo y cuándo usarlo a nuestro favor.

A esta disciplina los yoguis le llaman pranayama, que significa el buen manejo de la expansión, la suspensión y la dirección de los vientos de energía (inhalación, retención y exhalación).

Beneficios de practicar la respiración:

  • Purificación y tonificación del sistema nervioso;
  • Optimización de la función del sistema inmunológico;
  • Fortalecimiento del corazón y los pulmones, mejor circulación y oxigenación a todas las células;
  • Mejor capacidad de recuperación y regeneración;
  • Promueve mejor digestión y evacuación;
  • Mejor concentración y memoria, ayuda a reducir la ansiedad y las adicciones;
  • Mejora nuestra habilidad de cantar y comunicarnos.

Por otro lado, sea cual sea el deporte que practiquemos, el arte del buen respirar provee beneficios. Veamos. Los tenistas, golfistas, voleibolistas, boxeadores y los de artes marciales, solo por dar algunos ejemplos, inhalan para prepararse y exhalan con fuerza al ejecutar un golpe.

Es a través de una respiración rítmica y consciente que se logra desarrollar un mejor rendimiento. Otro ejemplo sería los de tiro al blanco y los de arco y flecha, quienes deben mantener la respiración en casi neutro para mejorar la precisión.

Una práctica habitual puede ser entre cinco y diez minutos para principiantes, y siempre que se tenga tiempo para practicar dos o más veces al día, ¡mejor!

Aquí les comparto algunas técnicas básicas y preparatorias para la práctica de pranayama:

Respiración de limpieza

Sentado cómodo (en el piso o en una silla) con la columna vertebral lo más derecha posible y los hombros relajados. Antes de comenzar, limpia los orificios soplándolos con fuerza. Ahora cierra el lado derecho con tu índice derecho e inhala por el izquierdo.

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Al completar esta inhalación, tapa el orificio izquierdo con tu índice izquierdo y exhala por el derecho. Así continúa de lado a lado sin parar. Comenzando puedes hacer doce respiraciones y con el tiempo subir hasta cincuenta.

Respiración positiva

Sentado cómodo (en el piso o en una silla) con la columna vertebral lo más derecha posible y los hombros relajados. Cerrando el orificio izquierdo con el dedo anular de la mano derecha (cuarto dedo antes del meñique). Inhala profundo por la derecha contando hasta ocho.

Cierra ambos orificios contando hasta seis y luego manteniendo el dedo del anillo tapando el orificio izquierdo, exhala por la derecha contando hasta ocho. Al comenzar repite cinco veces y luego con más práctica, repite hasta quince veces. La respiración debe ser lo más silenciosa posible. Mantén los músculos de la cara relajados.

Respiración para calmar la mente

Esta puede ser practicada de pie, sentado igual que las anteriores o acostándose en el suelo manteniendo la columna derecha y las manos relajadas al lado del cuerpo.

Concentrándote en la respiración todo el tiempo, inhala profundo por ambos orificios contando hasta ocho, aguanta la respiración de dos a cuatro segundos y luego exhala por ambos orificios contando hasta ocho.

Sigue concentrado en la respiración y continúa por dos o tres minutos. Esta técnica es muy recomendada cuando experimentas emociones de enojo o de disgusto.

Luego de practicar estas técnicas preparatorias por un mínimo de dos semanas, se está listo para progresar e incursionar en otras técnicas básicas, intermedias y avanzadas de pranayama.

El autor es codirector del centro de yoga y masajes Sadhana Healing Arts.

Foto: IStock

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