La felicidad

La felicidad depende de los gustos y metas de cada quien y estos, a su vez, está matizado por el aprendizaje, las experiencias y el ambiente en el que nos desarrollamos. Desde un punto de vista general, es similar para todos, ya que todos irradiamos felicidad cuando nos encontramos con alguien a quien queremos mucho o logramos algo por lo que trabajamos duro. Sin embargo, en términos más específicos, vemos que mientras unos son felices compartiendo con la familia, otros lo son alejándose de ella. Comprar una casa puede significar la consecución de una meta para unos, lo cual les brinda felicidad; pero otros son felices al comprar un par de zapatos. Así, la felicidad, si bien se define como la “situación del ser para quien las circunstancias de la vida son tales como las desea”, es personal para cada uno. Para Rojas (2000) la felicidad es la vocación universal del ser humano, una tendencia metida en sus entrañas, un deseo profundo que arrastra y empuja en esa dirección. Pero la felicidad es ante todo un estado de ánimo, “un paisaje interior a través del cual me encuentro contento conmigo mismo, una mezcla de alegría y paz interior. El que no sabe lo que quiere no puede ser feliz”.

¿Para qué sirve la felicidad?

La felicidad favorece las actitudes positivas hacia nosotros mismos y hacia los demás. A su vez, esto ayuda a la autoestima, a sentir más confianza en nosotros mismos y relacionarnos con los demás, aprender mejor, ser más creativos y solucionar los problemas de forma asertiva, etc. Asimismo, potencia estados de tranquilidad, de serenidad y de relajación que facilitan el bienestar (Bisquerra, 2000). El psicólogo Martin Seligman propuso tres vías fundamentales para acercarnos a la felicidad:

  • La vida placentera – es una felicidad de corta duración y se logra maximizando las emociones positivas y minimizando las negativas respecto a pasado, presente y futuro.
  • La vida comprometida – es poner en práctica (todo el tiempo) nuestras fortalezas para tener una mayor cantidad de experiencias óptimas.
  • La vida significativa – es la más duradera e incluye el desarrollo de objetivos que van más allá de uno mismo y la pertenencia a las llamadas instituciones positivas (democracia, familia, educación, etc.)

Ser feliz es una actitud constante, no un estado transitorio como el placer o la alegría, sino que mantiene una estabilidad temporal. Busca tu felicidad y ¡vívela a plenitud!.

Foto: iStock

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