Cómo y por qué algunos dulces niños se vuelven adolescentes desafiantes

Cuando hablamos de la adolescencia, nos referimos a la etapa que marca el proceso de transformación del niño en una persona adulta, por lo cual es un período de transición en el que ocurren una serie fundamental de múltiples cambios tanto psicológicos como físicos. Comprende las edades entre los 12 y 20 años, o entre los 13 y los 19 años, si seguimos el concepto americano de los teens. Además, es una etapa en la que hay una búsqueda de identidad propia y autonomía individual basándose en las experiencias personales, los valores adquiridos y los ambientes en que se ha desarrollado.

Para los padres o cuidadores principales, también es un gran reto cuando se trata de establecer disciplina, ya que probablemente los estilos que fueron efectivos en la infancia no sean los más apropiados en esta nueva etapa. Esto se debe a que, según van creciendo, desarrollan niveles cognitivos más elaborados. Es decir, su forma de procesar y analizar la información va cambiando, lo que pudiera llegar a ser desafiante para todos los miembros de autoridad que componen la familia. En ocasiones, algunos padres se preguntan por qué, si sus hijos tuvieron buena conducta y cumplían con las normas establecidas, al llegar la adolescencia, mostraron conductas desafiantes.

Los adolescentes, en esa búsqueda de identidad y criterio propio, quieren exponer sus razones, argumentos y pensamientos, lo que pudiera interpretarse como un reto o un desafío a la autoridad. Comienzan a cuestionar las reglas que se han establecido en el hogar y ven a sus padres o cuidadores principales como personas que no son perfectas. Estas actitudes son consideradas como parte del proceso de crecimiento y maduración hasta cierto punto. Los adolescentes comienzan a percibir y a cuestionar las situaciones y los eventos de una manera distinta a cuando estaban en la etapa de la niñez.

Ahora bien, si a esos cambios naturales que son producto de esta nueva etapa, les añadimos otros factores, exacerbarían los niveles de tensión en el hogar. Algunos de estos son: cambios en el estado de ánimo (como depresión y/o ansiedad), problemas familiares, patrones de violencia, divorcio, nuevas nupcias, fallecimiento de personas significativas, estilos de disciplina autoritarios o permisivos, desamor y amistades con malos hábitos (como fumar, beber y/o uso de sustancias controladas). Otros factores que pueden causar un estilo de actitudes y conductas desafiantes pueden ser surgimiento de una mudanza, cambio de escuela, dificultades en las relaciones interpersonales y notas deficientes, entre otros.

A continuación, se desglosan algunas recomendaciones para lidiar con la conducta desafiante de los adolescentes:

  1. Hazle saber que sus opiniones cuentan, pero deben ser transmitidas de una manera respetuosa y cortés en lugar de una forma maleducada. Si tu hijo pierde el control, desiste de hacerle entrar en razón y provéele su espacio hasta que se tranquilice para luego retomar la conversación.
  2. Piensa en el motivo de su reacción e intenta ponerte en su lugar. Reflexiona sobre los sentimientos del adolescente y demuéstrale que lo tomas en cuenta.
  3. Promueve en tu hijo la regulación de sus emociones, que desarrolle la tolerancia a la frustración y la habilidad para resolver los problemas.
  4. Aplica sanciones consecuentemente cuando el comportamiento sea inapropiado estableciendo reglas, expectativas y consecuencias. Las sanciones deben ser a corto plazo. No apliques castigos muy severos o incongruentes.
  5. Respeta su privacidad. Cuando tu relación con tu hijo es de confianza, a menudo, hay menos probabilidad para que surja la conducta desafiante.
  6. Préstale atención cuando realice un comportamiento positivo en vez de su comportamiento opositor. Muchas veces damos por sentado cuando la conducta es apropiada y nos enfocamos en la conducta no deseada.
  7. Lleva a cabo un autoanálisis: ¿Las conductas desafiantes de los hijos son un reflejo de las de los padres? Por ejemplo: Elude gritar para evitar la rebeldía. Intenta ser una persona pacífica y trata de calmar a tu hijo. Sirve de modelo de los comportamientos correctos. El maltrato y el rechazo incrementan las posibilidades de un comportamiento desafiante.
  8. Si los padres viven en hogares distintos, deben establecer comunicación constante en cuanto a las normas, límites y consecuencias de la conducta desafiante.
  9. De ser necesario, establece comunicación con los maestros y busca ayuda de un profesional de la conducta humana que te brinde herramientas individualizadas para actuar de forma más adecuada en cada momento.
  10. Mantén el ánimo, sé consistente, paciente y promueve el amor incondicional.

La autora es psicóloga clínica.

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