Cuando tu hijo dice palabrotas

Decir palabrotas o groserías (maldecir o usar “malas” palabras) es un comportamiento casi normal del desarrollo en la niñez media y la adolescencia temprana. Para los niños, decirlas puede ser una forma de sentirse “sofisticados” y demostrar que no tienen miedo de ser un poco “malos”. Las utilizan para impresionar a sus amigos y pueden convertirse en parte de la relación con sus pares. En cuanto a los más pequeños, las repiten porque las han escuchado en otras personas, pero con frecuencia, no saben el significado de lo que dicen.

El fenómeno de decir palabrotas parece perder su atractivo y disminuye a medida que los niños maduran. No obstante, hay un grupo más pequeño de menores que además de decir palabrotas, tiene otras dificultades a nivel personal y social. Estos pueden ser más propensos a decir groserías y a enojarse, un fenómeno distinto a utilizar “malas” palabras en momentos de frustración. Estas son algunas sugerencias para ayudarte a manejar el problema de las palabrotas, según la Academia Americana de Pediatría:

  • Si lo consideras adecuado, establece una regla que “en nuestra casa no se dicen palabrotas o groserías”. En ninguna circunstancia debes tolerar que se dirija a alguien con groserías. Si esto ocurre, envíalo a su cuarto a una pausa obligada.
  • Decir algunas palabrotas en momentos de frustración es un comportamiento casi natural de los humanos. Aunque quizá no sea adecuado, es muy común en algunas familias. Si ese es tu estilo personal, será difícil enseñarle a tu hijo algo diferente.
  • Cuando diga “malas” palabras, no reacciones mal con tus propios arranques de rabia ni las digas tú.
  • En ocasiones, puedes sentir que tu niño está diciendo “malas” palabras buscando tu reacción. En estos casos, ignorarlo puede ser la estrategia más eficaz.
  • Prémialo por expresar su frustración adecuadamente sin decir groserías. Los cuadros para colocar estrellas y el dinero son herramientas muy útiles. Por ejemplo, utiliza un frasco con monedas que él pueda ganarse al término de dos semanas; por cada día que no diga palabrotas durante este tiempo coloca dos monedas más en el frasco; pero cada vez que las diga, saca unas cuantas. Entenderá rápido.

Decir palabrotas no es una señal de problemas emocionales. Sin embargo, si hay más problemas, como las mentiras constantes, robar o tener dificultades con sus compañeros, las malas palabras pueden ser un síntoma de una alteración psicológica o social. En este caso, habla con el pediatra sobre la opción de recibir consejería individual o familiar.

Foto: iStock

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