La acción de dar… gracias

Hay que dar gracias.

Dar gracias cuando la vida es color de rosa es fácil. Más difícil es cuando carecemos de esos pequeños grandes lujos a los que estamos acostumbrados. No es necesario mencionarlos. Cada uno sabe cuáles son, pues no son los mismos para todo el mundo. Para unos, un lujo es tener energía eléctrica, pero para otros, un lujo es tener comida en la mesa… y así, podríamos seguir hasta tener casi un pergamino… o dos.

Sí, es fácil ser agradecidos cuando las cosas van bien. Pero tenemos que aprender a serlo también cuando van como van ahora. Cuando todo es bello nos sentimos bendecidos, sentimos que podemos volar; cuando el paisaje luce sombrío, aprendemos y experimentamos sentimientos de miedo e impotencia. En esas circunstancias adversas siempre tenemos la opción de quedarnos en la actitud de víctima; sin embargo, avanzamos más y duele menos cuando escogemos luchar para salir adelante. Y eso es lo que estamos haciendo ahora.

Con pena por las pérdidas que tuvimos, unos más que otros, con frustración o con coraje, quedarse con los brazos cruzados no es una opción. Con luz o sin ella, con pavo o con salchichas, en nuestra casa, en lo que queda de ella o en la del vecino o familiar, hoy hay que dar gracias por la vida y por las lecciones que nos da. ¡Qué mucho hemos aprendido en esta situación! Estoy segura de que igual que yo, has descubierto cosas de ti que no sabías que tenías o que podías hacer. Más aun, has aprendido de lo que ves a tu alrededor.

Desde que llegó la luz a mi hogar decidí que quería mantenerme awareness de que lo que vivo no es lo que vive la mayor parte del país. Y lo mismo hago con mi familia inmediata. Constantemente les recuerdo que nuestra realidad es una realidad pequeña, prestada, porque si bien la agradezco siento que no me pertenece.

En estos días tuve la bendición de salir de esta burbuja y llegar hasta Orocovis y Ciales, en días y por medios distintos. Llegué a Orocovis, donde toda la población permanece sin energía eléctrica, en helicóptero. El paisaje desde arriba es estremecedor, a pesar de que ya se ven algunos árboles reverdeciendo. A otros les está costando más trabajo, pienso que lo mismo nos pasa a nosotros. Desde arriba los cuerpos de agua parecen heridas abiertas que empiezan a cicatrizar. Vi cauces ensanchados, con los bordes todavía desnudos, dando testimonio de lo que por allí pasó. Desde arriba los toldos azules, provistos por el municipio, parecen piscinas; pero nada más lejos de la realidad… en todo caso, son piscinas de incertidumbre y de angustia. Vi casas al borde del barranco. Derrumbes. Montañas de desperdicios. Áreas pantanosas. Era el paisaje de la naturaleza renaciendo… y nosotros también.

Ese día los militares estaban repartiendo abastos de agua y comida en el sector Alturas de Damián. Otras entidades ya han estado allí y satisfecho otras necesidades. Allí, como en otros lugares, tienen poco o nada, pero no pierden la sonrisa ni la amabilidad. Y te ofrecen de lo que tienen. Piden bolsas para el vecino que no está en la casa. Allí, igual que en muchos otros pueblos de la isla, urge la energía eléctrica para que las personas y el comercio comiencen a retomar su rutina. Esa es, precisamente, la misión del general puertorriqueño José Reyes: reactivar la economía.

A Ciales llegué en carro. Y es otro paisaje, tan distinto y a la vez tan igual. Algunos comentaban que íbamos a impactar comunidades, yo prefiero decir que estábamos ayudando a personas. El peligro en esos pueblos no ha terminado. Los derrumbes, que no se ven desde el aire, son una amenaza viva para los habitantes del lugar. La tierra sigue húmeda, irritable, reactiva. A lo largo del camino, la ropa colgando en los cordeles revelaba que permanecen sin luz. Visitamos varias comunidades y a distintas familias, cada una con necesidades particulares. En todas nos recibieron con alegría y agradecimiento. En ninguna sabían cómo celebrarían hoy, pero en todas sabían que tenían motivos para dar gracias. Tienen vida y se tienen a sí mismos, lo demás, “poco a poco se reconstruye”.

Era admirable ver la energía de la madre de dos jóvenes pacientes de perlesía cerebral, diciendo que lo único que necesitaba eran pañales desechables para sus hijos. Igualmente conmovedor era escuchar a doña María, una señora de 76 años, bajo un techo parcialmente azul, diciendo que “eso no era nada” porque lo importante era estar con vida. Más abajo estaba Yomaira, una madre de cuatro entre las edades de seis y 17 años, dando las gracias no solo a los que estábamos allí, sino a los que han estado porque gracias a ellos han podido satisfacer las necesidades de la familia. Las historias son muchas y largas, otro día las escribo en detalle, pero hoy lo que te quiero decir es que en todas hay grandes lecciones de lucha, de optimismo, de no darse por vencido, de no caerse ante la adversidad, de bondad…

El viaje a Ciales terminó accidentadamente. Un aguacero de 15 minutos hizo que la carretera se llenara rápida y repentinamente de agua rojiza que bajaba a chorros de las montañas. El peligro de los derrumbes se hizo visible para que nos trajéramos ese mensaje. Aquí, en la zona metropolitana, todo parece normal, pero no es así en la montaña.

Y vuelvo a la idea central de mi mensaje para hoy… dar gracias… Me siento agradecida por haber podido ayudar. Les dejé algo de mí y me traje mucho de ellos. De una forma u otra, todos podemos hacerlo. No hay que ir tan lejos; en nuestro vecindario, en nuestro trabajo, en algún lugar sabemos de alguien que requiere nuestra atención. No tiene que ser necesariamente comida; puede ser transportación, ayuda para reparar casas, cosas… y nos encontraremos sonriendo, agradecidos, por la bendición de haber podido ayudar.

No, no hay que conformarse con la mediocridad, ni acostumbrarse a una vida que no es la que queremos. Esa ambición, bien ejecutada, es el motor que mueve al mundo, nuestro mundo.

Yo doy gracias por la vida, por la de mis amados, por la salud que me permite trabajar, colaborar… por los ojos para ver, los brazos para levantar y abrazar, las piernas para llegar adonde me necesiten, la voz para hablar por el que no puede… ¡A ver por qué das gracias tú!

Foto: IStock

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