Artritis juvenil: realidades y cómo enfrentarla

Decir artritis es decir inflamación de las articulaciones, lo cual, a su vez, significa dolor, rigidez, hinchazón y limitación de movilidad.

La artritis puede ser una enfermedad crónica, lo que significa que podría durar meses o años. No discrimina por raza ni género. Tampoco tiene edad. La artritis idiopática juvenil se refiere a la que ocurre antes de los 16 años.

Se estima que en Estados Unidos aproximadamente 300,000 niños tienen alguna forma de artritis juvenil. De acuerdo a Ana Quintero, reumatóloga pediátrica, la artritis idiopática juvenil, que tiene diferentes tipos, puede comenzar desde cero años hasta personas envejecidas. En los niños, dependiendo de la etapa de desarrollo en la que se encuentren, varían las destrezas que van perdiendo como consecuencia de esta enfermedad. Por ejemplo:

  • Bebé: deja de gatear, de caminar y todo tipo de actividad porque siente dolor. Cuando los papás le cambian el pañal, llora mucho y poco a poco se dan cuenta de que hay un problema con su hijo.
  • Bebés toddler: se observa que van cambiando, pierden agilidad y enfrentan diferentes dificultades en su diario vivir.
  • Preescolares: no juegan tanto como en el pasado, se cansan mucho o lloran porque les duele algo
  • Preadolescentes y adolescentes: si están en el deporte, se reduce su desempeño, se caen y no pueden tener el performance usual que se espera para su etapa de desarrollo.

“Son niños que en la casa prefieren estar sentados, mirando la televisión; algunos se aíslan porque no pueden lograr la misma ejecución de sus peers y empiezan a escuchar comentarios degradantes como que ‘no sirven para nada’. Otros pierden las destrezas para vestirse y comer por sí mismos, para abrir la perilla de la puerta o ponerse los zapatos. O sea, dependiendo de la intensidad de la artritis son los cambios que presentará”, manifestó la también presidenta de la Asociación de Reumatólogos de Puerto Rico.

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Según explicó Quintero, aunque algunos de esos cambios son similares a los de los adultos, el peligro con los niños es que están en crecimiento y “mientras más activa esté la artritis y la inflamación persista en sus coyunturas, más riesgo existe de que empiecen a tener deformidades desde temprana edad o no crezcan de forma pareja, pues pueden desarrollar una extremidad más pequeña que la otra”. Por esta razón sostuvo, que con frecuencia los pediatras tienden a ser más “agresivos” con el tratamiento que cuando se trata de adultos, pues es un niño que está en crecimiento y “necesitamos que pueda desarrollarse simétrico, igual que cualquier niño de su edad”.

El problema es que no siempre se atienden a tiempo. “Nos llegan tarde y, al igual que cuando se trata de adultos, lo ideal es empezar el tratamiento cuando la enfermedad está en etapa temprana, cuando los síntomas están empezando”, expresó la reumatóloga pediátrica. Muchas veces cuando el paciente llega a la oficina han pasado varios años con la enfermedad y ya no puede mover alguna articulación o se está empezando a deformar la muñeca… los dedos.

Este retraso en la búsqueda de tratamiento suele ocurrir porque los padres no notan los cambios en el hijo, minimizan los síntomas o incluso piensan que el dolor se debe a que el niño está creciendo. Sin embargo, es conveniente saber, según la doctora Quintero, que los dolores de crecimiento ocurren en la madrugada, son episódicos y es rara la vez que el pediatra ve niños con dolores de crecimiento.

“Si es un cambio persistente, que limita las actividades del niño, que empieza a cojear, que está entumecido en la mañana o cada vez que se queda quieto por cierto tiempo en la misma postura y cuando empieza a moverse tiene mucha dificultad para lograrlo, ahí hay un problema y es necesario evaluarlo”, advirtió.

No hay ninguna prueba de laboratorio que diagnostique enfermedades reumatológicas, y la artritis es la enfermedad reumatológica más común en todas las enfermedades. Para hacer el diagnóstico, el médico utilizará el historial familiar y un examen físico detallado del paciente. Las pruebas de laboratorio se usan para determinar qué otras complicaciones tiene.

“Mientras más temprano reciba atención médica, menos cambios drásticos e impacto experimentará el menor en las articulaciones. Esto, además de darle calidad de vida, reduce el riesgo de deformidades. Por estas razones es imperativo que cuando los padres observen algún cambio en el comportamiento de sus hijos, requieran una evaluación para descartar problemas mayores”, concluyó la experta.

Foto: IStock

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