[FOTOS] Padres a tiempo completo

En este Día de los Padres, Buenavida le rinde tributo a tres caballeros excepcionales que lo han dado todo por sus pequeños.

Aquí sus historias y cómo han enfrentado el proceso para convertirse en superpapás en la crianza de sus hijos para llevarlos al éxito.

Héctor Sánchez y sus hijos Héctor Daniel y Erielis

Foto: Jaime Rivera y Yoel Parrilla

Su vida cambió de la noche a la mañana. De compartir la crianza de sus dos hijos con quien fuera su esposa, se convirtió en padre soltero, cuando en aquel entonces los menores solo tenían 5 y 6 años.

Ya Héctor Daniel y Erielis son preadolescentes, pero Héctor Sánchez reconoce que esos primeros años asumiendo el rol de padre y madre fueron muy duros. “Fueron de 2 a 3 años metido en tribunales y litigios. Fue un momento en el que sentí que invadieron mi privacidad, enviaron una trabajadora social a mi casa y hasta las gavetas abrieron para verificar cómo tenía la ropa ordenada, pero todo eso era parte del proceso”, comenta el padre, quien obtuvo la custodia de sus hijos.

El vendedor de profesión admite que este cambio en su estilo de vida, trajo mucha incertidumbre. “Fue un impacto grande. Hubo días que cuando me bañaba me echaba a llorar, pero era, o echar hacia adelante o dejar que mis hijos se quedarán en la nada, en el lloriqueo, en el lamento y había que tomar acción”.

Un día típico en la vida de Héctor comienza a las 6:00 a.m. y acaba aproximadamente a las 10:00 p.m., cuando comienza a hacer sus tareas de la universidad ya que también estudia. “Ya ellos se levantan, hacen sus desayunos. Los llevo a la escuela, voy al trabajo… y gracias a Dios tengo la ayuda de dos ángeles que son mi papá y mi mamá, que cuando llego a buscarlos ya los niños están comidos y bañados”, relata el padre, quien también se encarga del aseo del hogar. Pero, me imagino que ya ellos te ayudan. “Bueno, con sus cuartos y bajo pelea”, dice resignado.

Aunque un poco tímidos, sus hijos aseguran que Héctor ha realizado un gran trabajo como padre. “Él siempre está presente, nos apoya y va a todos mis juegos de baloncesto”, señala Héctor Daniel. “Él es bien alcahuete, nos consiente en todo. Cuando tenemos que estudiar, aun cuando no lo entienda, intenta ayudarnos”, añade Erielis. Héctor, por su parte, se describe como un poco estricto, pero también cariñoso. “Me criaron con bastante estructura y eso me hizo bien y quiero tratar de pasarle parte de esa disciplina, de esa organización, pero a la misma vez soy bien amoroso”.

Los fines de semana transcurren en los juegos de baloncesto de Héctor Daniel, y su familia disfruta de apoyarlos. No obstante, su primogénita prefiere los estudios. De hecho, el orgulloso padre expresa que está en el Cuadro de Honor de su escuela.

Pepe Peña y sus hijas Carmen Gloria y Sofía Victoria

Foto: Jaime Rivera y Yoel Parrilla

Pepe Peña afirma que no es un padre celoso, sin embargo, asevera que sus hijas, Carmen Gloria y Sofía Victoria, de 14 y 16 años respectivamente, “tendrán novios luego de que se hayan graduado de bachillerato, se hayan ido de la casa y tengan trabajo”.

Aunque indica que es una broma, sí revela que le gusta estar al tanto de los movimientos de sus hijas. “Soy un papá bastante pendiente de los detalles, actividades de las nenas, las juntillas y las cosas que hay que preocuparse, pero a la vez soy bastante moderno y las dejo tener las libertades que se han ganado”, apunta el fiscal, mientras es interrumpido por su hija menor, quien le recuerda una frase que al parecer le dice a menudo, “te voy a estar velando, porque hay muchos nenes bandoleros por ahí”.

Hace aproximadamente dos años, Pepe asumió las riendas de la crianza de sus hijas, ya que su madre falleció de cáncer. Para el padre de Trumpi Joe (Sofía) y Tínguili (Carmen), apodos que les puso cuando eran bebés, el cambio no ha sido tan drástico, ya que aunque estaba separado de la madre de sus hijas, estaba presente y comprometido con la crianza de las adolescentes. “No fue tan difícil como la gente se lo plantea. La mamá se encargó, tuvo mucho tiempo para prepararlas”, explica el también músico.

“El reloj suena a las 5:30 a.m. y tengo que encargarme de que Sofía haya reaccionado a su alarma porque muchas veces le pichea. Luego de llevarlas a su escuela, me voy a la fiscalía de Bayamón y después de trabajar salgo a buscarlas. Mi hobby preferido es la cocina y me gusta que las cosas estén frescas, así que cuando salgo de la escuela voy directo al supermercado. Posteriormente, ellas se ponen a hacer sus proyectos y trato de ver una película que me dura tres días porque me quedo dormido”. A esta rutina también se le agregan las clases de coro de las chicas.

Tanto Carmen como Sofía, coinciden en que tienen el mejor padre del mundo. “Lo amo porque él es bien comprensivo, nice, sweet y bien cool”, exclama Carmen, mientras la primogénita define a su papá como “diligente, excéntrico y amoroso, demasiado”.

¿Quién es la que más se parece a ti?, le preguntamos a Pepe. “Sofía es más fuerte y en eso se parece a mí, pero soy bien sentimental y Carmen es así. Carmen es mi pollito sabroso”, expone para tratar de avergonzar a su hija menor. “Le digo que no lo diga, pero siempre lo hace”, finaliza por su parte, Carmen.

Ernesto Fraguada y su hijo Uriel Ernesto

Foto: Jaime Rivera y Yoel Parrilla

“Mi hijo es mi vida, es lo más que amo. Con él he experimentado un sentimiento y un amor que no hay manera de describir”.

Ernesto Fraguada Rosado obtuvo la custodia provisional de su hijo cuando este apenas tenía 3 años y aunque puntualiza que ha tenido que hacer muchos ajustes, no hay mejor regalo que levantarse y acostarse todos los días en su compañía. “He dejado ofertas de trabajo. Podría ser chef ejecutivo o estar en televisión, pero si hay algo que no sacrifico es la calidad de tiempo con él. Quizá podría tener empleos en los cuales estuviese mejor económicamente, pero, ¿de qué me vale?, y entonces, no tener tiempo para mi hijo. Mi vida profesional y personal giran en torno a él”, detalla sobre su pequeño Uriel Ernesto.

El chef enfatiza que para que el tribunal le concediera la custodia provisional de su unigénito, también tuvo que hacer unos cambios laborales. “Dejé de trabajar de noche en restaurantes y hoteles para buscarme trabajos de día, de lunes a viernes, y así poderme hacer cargo y estar más pendiente de él”, establece sobre Uriel Ernesto.

De otra parte, certifica que durante esos primeros años trató de que la transición de vivir con su mamá, a su papá, fuera llevadera. “Antes de que se mudara, lo llevaba al psicólogo y me orientaba con profesionales para trabajar el tema. Siempre le he dado un sentimiento de seguridad y protección, que era lo que me decía el psicólogo”. De igual forma, menciona que en las ocasiones que su pequeño ha preguntado por su mamá, le contesta con honestidad, pero conforme a su edad y entendimiento. “A veces me pregunta que dónde está su mamá y le explico que ella tiene unas condiciones emocionales y cuando ella se sienta mejor van a poder verse y compartir”, detalla.

“Me levanto entre 5:00 a.m y 6:00 a.m. Preparo el desayuno, lo despierto, lo llevo a la escuela y hablo con las maestras para saber si hay algún cambio en su comportamiento. Luego, me voy a trabajar como instructor de chef. Lo busco a casa de mi familia y estudio con él. Algo bien importante en estos procesos, es que hay que tener una estructura, una rutina. No puedo dejar a mi hijo hoy en casa de una persona y mañana con otra, porque es mucha inestabilidad para él”.

Ernesto precisa que es un padre que trata de balancear el afecto con la disciplina. “Nunca voy a ser un papá perfecto, porque siempre hay espacio para mejorar. Soy amoroso y cariñoso, pero también enseño estructura y disciplina, porque hay unas cosas que para mí son importantes, como por ejemplo, que sea independiente y un hombre de bien”, sustenta el progenitor a quien le encanta correr bicicleta, jugar juegos electrónicos y hacer movie nights con su hijo. “Nosotros somos los que nos exigimos. Los niños con que tú compartas un tiempo de calidad con ellos, ya son felices”, finaliza.

Fotos: Jaime Rivera y Yoel Parilla / LMH

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