Y tus resoluciones de Año Nuevo, ¿cómo van?

¿Resoluciones de quéééé? ¡Sí!, resoluciones, ¡las de Año Nuevo! Oye, si eso fue ayer, es más, ¡todavía estamos estrenando el año!

Si bien es cierto que muchas personas se adhieren a esas resoluciones con una determinación admirable (¡casi envidiable!), también lo es que otras las toman muy en serio los primeros días, quizás semanas, pero, por razones reales o percibidas, van perdiendo el impulso y las van dejando de la misma forma que el aroma abandona a la rosa; poco a poco.

Un día, aparece alguien o pasa algo que les recuerda la mensualidad que pagan por un gimnasio al que nunca van, o el vicio del cigarrillo que todavía los asedia como ladrón en la noche, o la dependencia emocional que les impide abrir sus alas y volar alto y romper sus límites autoimpuestos.

Este reality check puede funcionar en dos direcciones completamente opuestas: o se animan y las retoman con fuerza y determinación (¡y las cumplen!) o admiten su retirada y esbozan todo un abanico de razones para justificar su comportamiento. ¿En dónde te ubicas tú? ¿En los que están decididos a alcanzar sus metas o en los que están que pisan y no arrancan?

Independientemente del grupo en el que te ubiques, no te desesperes. Estresarte no ayudará, al contrario, te desanimará. ¿Que han pasado cuatro meses y todavía no estás donde te habías proyectado? Cierto, han pasado cuatro meses, pero te quedan ocho. Y si ocho no son suficientes, puedes continuar con ellas en 2018. Leíste bien, ¿cierto? “Continuar con ellas en 2018”, lo cual significaría que no habrías dejado de trabajar en ellas, sino que tuviste que hacer ajustes en tu plan original… que el 2018 no te sorprenderá en el punto de partida, sino en el proceso.

Por ejemplo, supongamos que te planteaste que para esta fecha habrías perdido 25 libras de un total de 90 que quieres perder en todo el 2017 y resulta que solo has perdido 15. Esto te tiene tan desanimada que estás a punto de claudicar porque te estás adelantando, pensando que al paso que vas, cuando llegue diciembre no habrás perdido las 90 libras que te propusiste.

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¡No te desanimes! De pronto puedes tomar otras medidas para cumplir con tu meta de las 90 libras (ir más días al gimnasio, hacer otros ajustes en tu alimentación, etc). También puedes seguir al paso que vas y si cuando llegue diciembre resulta que en vez de perder 90, perdiste 50, ¡fantástico! Eso significa que en 2018 solo tendrás que perder 40.

Si te rindes ahora, en diciembre, cuando te plantees las nuevas resoluciones (las de 2018), lamentarás haberte rendido porque ibas lenta. Lograr un poco es mejor que no lograr nada. Esto sin contar que con cada intento fallido se va reduciendo la fe que tienes en tu capacidad de lograr lo que te propongas. Esto, a su vez, puede llevar a que te predispongas y vuelvas a caer en cada nuevo intento.

Creer en ti y en tu capacidad de alcanzar tus metas es vital para lograr todo lo que te propongas. Cuando crees en ti, te enfocas hacia el éxito y, por lo tanto, eso es lo que atraes, aunque a veces puedas retrasarte un poco. Lo mismo ocurre en la dirección opuesta: si no crees en ti, estarás destinado al fracaso. Así que lejos de ponerte ansiosa porque tus resoluciones están más pasmá’s que una olla de arroz con salchichas, reenfoca tus energías y apuesta a ti. ¡Yo apuesto a ti! Es más, te invito a que hagas una bitácora de tu progreso y la compartas a fin de año.

Para recapitular, comparto contigo algunos consejos de la Asociación Americana de Psicología respecto a las resoluciones de Año Nuevo. De hecho, antes de presentarlos, recalco que según la entidad, no es la amplitud del cambio lo que cuenta, sino el acto de reconocer que los cambios positivos son importantes y, por supuesto, trabajar para lograr esa meta.

¿Cómo? Un paso a la vez. Aclarado esto, vamos con las recomendaciones de la asociación:

Empieza con moderación: Haz resoluciones que crees que podrás mantener. Si, por ejemplo, tu meta es ejercitarte con más frecuencia, planifica ir al gimnasio tres o cuatro veces a la semana en vez de siete veces a la semana. Si te gustaría comer balanceada y saludablemente, intenta reemplazar el postre con otra comida que te gusta, como la fruta o el yogur, en vez de ver la dieta como un castigo.

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Cambia un comportamiento a la vez: El comportamiento dañino se desarrolla a través del tiempo, así que reemplazar comportamientos que no funcionan por otros saludables también requiere tiempo. No te desanimes ni pienses que debes revaluar todo en tu vida. Más bien, esfuérzate en cambiar una cosa a la vez.

Conversa: Comparte tus experiencias con familiares y amigos. Considera unirte a un grupo de apoyo para alcanzar tus metas, como una clase de ejercicios en un gimnasio o un grupo de colegas que estén en proceso de dejar de fumar. Tener con quien compartir las luchas y éxitos hará que tu camino a una vida saludable sea mucho más fácil y menos estresante.

No te frustres: La perfección no es alcanzable. Recuerda que es normal cometer pequeños errores en el proceso de lograr tus metas (esas son las novatadas). No te des por vencido porque comiste un pedazo de flan y rompiste la dieta, o porque no fuiste al gimnasio durante una semana en la que estuviste extremadamente ocupada. Todo el mundo tiene sus momentos altos y bajos. Afirma que te recuperarás de esos pequeños inconvenientes y sigue adelante. ¡No dejes de creer en ti!

Pide apoyo: Aceptar ayuda de las personas que más te quieren y que te escucharán, te dará fuerza y ánimo para manejar el estrés causado por tus resoluciones. Si te sientes angustiada o incapaz de alcanzar las metas por ti misma, considera buscar ayuda profesional. Los psicólogos son adiestrados para entender la conexión entre la mente y el cuerpo y pueden brindarte estrategias para ajustar tus metas para que sean más alcanzables. También pueden ayudarte a cambiar tu comportamiento por uno más adecuado y hablar sobre asuntos emocionales.

Fuente: Asociación Americana de Psicología

Foto: IStock

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