Encontrar la pareja ideal

¿Y eso qué es?

“Ideal” depende de los gustos y preferencias de cada quien, de lo que cada uno desea para su vida. Para unos “ideal” se refiere a belleza física, pero volvemos a lo mismo, ¿qué es belleza física? Otros buscan a una pareja que sea exitosa, reconocida o que tenga dinero.

Como ves, definir qué es una pareja ideal es una tarea compleja que solo puedes hacer tú. Como seres sociales que somos, añoramos un tener compañero, uno que sea ideal, pero lo cierto es la cada uno seleccionará a aquel que según su mejor juicio sea el mejor, no para el resto del mundo, sino para sí mismo, para recorrer con esa persona especial ese viaje que llamamos vida.

El tema de la pareja ideal ha sido objeto de diferentes investigaciones. Por ejemplo, Valdés y colaboradores (2007) encontraron que para seleccionar a la pareja real, tanto hombres como mujeres dieron importancia a aspectos físicos. Esto concuerda con el planteamiento de Bear (1990, en Valdés y cols. 2007), que afirma que desde la infancia se elabora un patrón de selección que resalta rasgos acerca de las características personales como el físico y el color de pelo, entre otros, de manera tal que se configura una imagen o prototipo con las particularidades de la persona “ideal” a parte de que, de primera intención, la apariencia corporal es lo que impacta a los órganos sensoriales.

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Es por esto que, para que la relación pueda comenzar, la impresión física que se llega a tener del otro, influye en los primeros encuentros sentimentales para que haya o no encuentros posteriores (Morales 1997). En este sentido, Armendáriz (2002), plantea que actualmente se tiende a valorar fuertemente el atractivo físico como factor para asegurar el bienestar, sin considerar el tiempo de relación de noviazgo o conyugal.

Para saber qué es una pareja ideal para ti debes conocerte bien. Debes saber qué características, físicas, sociales y de personalidad te gustan en una pareja, cuáles no y qué estás dispuesto a negociar. En mi opinión hay cosas que no se negocian: el buen trato, la honestidad y una actitud positiva ante la vida… pero lo más importante que no-se-negocia es la personalidad. No dejamos de ser quienes somos, de ser nosotros mismos, para ser lo que otros, en este caso nuestra pareja, quieran que seamos. Si eso pasa, entonces esa persona no te quiere, quiere a otra persona que no eres tú.

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Cuando estamos empezando a compartir con alguien a quien le vemos cierto potencial, en nuestro deseo de agradarle, sin darnos cuenta, comenzamos a ser los más complacientes; sí a esto, sí a aquello, sí a lo otro; sí a todo. En ese “sí a todo”, mientras hacemos o aceptamos cosas que no nos encantan, la otra persona ve afinidad y la relación progresa; todo parece bello. Como la mentira, por pequeña que sea no se sostiene infinitamente, con el tiempo, empieza a salir nuestra verdadera personalidad; nos cansamos de hacer o de aceptar todo aquello que hicimos o aceptamos al principio porque queríamos que la relación progresara. Ya en este momento la otra persona está haciendo reclamos como “antes te gustaba”, “has cambiado”, etc. Eventualmente, la relación termina y nos encontramos con el corazón roto, llorando sin entender qué pasó.

¿Qué pasó? Que en el afán de tener pareja, dejaste de ser tú. Ahora imagina que eso pase en ambas partes. No es que no complazcamos a la otra persona, es que seamos honestos. Aquí es donde entra lo que te mencionaba unas líneas arriba, ¿qué estás dispuesto a negociar? La primera persona que tiene que estar complacida eres tú. Luego complaces al otro. A menos que tengas conductas destructivas que debas enfrentar, quien te ame, debe amarte como eres, pero para eso ¡tienes que mostrarte como eres! No finjas ser quien no eres porque se enamorará de una persona que no eres tú y cuando quieras ser tú, bueno, ya te expliqué eso.

En fin, la pareja ideal… la pareja ideal es aquella que sea ideal para ti, que te satisfaga, que te haga feliz, aquella con quien puedas ser tú, que te vea bonita aunque te sientas horrible, que entienda tus malos humores (hay que admitirlo: no siempre estamos como pascuas), aquella con la que te sientas una diva (o un divo) por el simple hecho de ir de su mano. No tiene que ser perfecta, y de hecho, no lo será (como tampoco lo eres tú), basta con que puedan aceptar y trabajar con sus propias imperfecciones ¡y vivir felices para siempre!

Foto: IStock

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