Tu Navidad eres tú

¿Cuántas veces has querido nacer de nuevo? Ah!, pero no solo nacer, sino nacer con la experiencia que tienes ahora. O sea, algo así como nacer siendo adulto.

Bien, esta es tu oportunidad. Es Navidad; tienes la opción de nacer de nuevo, de dejar ir lo que te lastimó y quedarte solo con las lecciones y las alegrías. Puedes cumplir tu deseo y si de verdad lo quieres. Vivir tu vida como quieres vivirla, ser tu propio dueño, no propiedad de las circunstancias de la vida. No pienses que no, ¡claro que puedes cambiarlas!, pero tienes que quererlo y cada acción de tu vida debe ir dirigida a lograr eso que tanto quieres. Quererlo no es suficiente, ¡tienes que ir hacia eso!

Cuidado con el camino, porque es fácil confundirse, distraerse. Vivimos en una sociedad capitalista, donde el consumo es el rey y la ambición por lo material es la reina; no te conformes con eso solo porque eso es lo que hacen lo otros. Atrévete a ser diferente, atrévete a ser tú. Usa tu ambición para trascender, no solo económicamente, sino también, y sobre todo, crecer emocional y espiritualmente.

En este periodo aprovechamos para pedir cosas que queremos, pero que nos parece más bonito (y conveniente para el bolsillo) que nos las regale otro (total, que por un lado nos las ahorramos y por el otro gastamos más complaciendo a otros). El consumismo es como una fuente que una vez pruebas su contenido es difícil dejar de beberlo, pero a la vez, mientras más tomas, más quieres porque nunca llega a satisfacerte completamente. ¿Te has fijado que cuando vas de compras llegas a tu casa de lo más feliz, pero después de un par de horas, o de días, se te pasa la contentura y quieres volver a las tiendas a comprar más? Es una escena que se repite una y otra vez. Es como tener mucha sed y en vez de tomar agua, tomas refresco… pero la sed no se quita con refresco, sino con agua. Entonces, estás bebiendo de la fuente equivocada. Busca una que te llene de verdad.

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En vísperas de la celebración del acontecimiento más importante en la historia del cristianismo te invito a que recuerdes cuál es el motivo de la fiesta: el nacimiento del niño Jesús… una promesa de redención, de amor, de salvación, de vida eterna. Hasta que entendamos el verdadero significado de esa promesa, seguiremos festejando donde y como no es.

Frecuentemente, confundimos el querer con el necesitar. Una vez estaba cuidado a mi nieto, chiquito, y recuerdo que ese día él no quería nada, todo lo necesitaba. ¿En serio? Estábamos lavando la marquesina y ese adorable piojito, que para la fecha no tenía más de tres años, me estaba diciendo que “necesitaba” un vaso para echar agua, que “necesitaba” una escoba, que “necesitaba” la manguera… yo no podía parar de reírme, pero a la vez me sorprendía tanto que ya tan pequeño “necesitara” tantas cosas… claro que le di la “queja” a mi hija y le compartí mi preocupación: había que enseñarle la diferencia entre querer y necesitar. Él es un niño maravilloso, con unos padres jóvenes, muy sabios.

Los adultos no siempre tenemos a alguien que nos aclare las cosas y nos quedamos en el loop de “necesitar”… necesitar otra sortija, un carro, más zapatos, más ropa, más carteras, computadoras, más, más y más. A veces sí llega alguien que nos canta las verdades, pero nos defendemos como gato boca arriba y defendemos nuestro punto, correcto o no, a oídos sordos, negándonos la oportunidad de siquiera considerar la posibilidad de que estemos equivocados.

Nadie quiere estar equivocado. Todos queremos tener la razón. Nos trancamos y no queremos escuchar ni reflexionar. Así nos quedamos, a veces cogiendo golpes de la vida, que nos habla, que nos dice en esa dirección no, y nosotros de que no, que queremos seguir haciendo lo mismo, aunque lo mismo suponga seguir cogiendo golpes de la vida que nos dice que en esa dirección no es… y así sucesivamente. Seguimos necesitando lo que no necesitamos. Seguimos sintiendo sed.

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Por eso es que necesitamos cambiar de fuente. Por eso en vez de seguir en las tiendas comprando alegrías efímeras, busquemos en la familia, en la naturaleza, en la iglesia de tu preferencia, alimento para el alma, alimento que nos calma. No estoy en contra del progreso económico, yo también lo busco, pero sí objeto que sea el único progreso. Hemos desarrollado un mundo increíble, con avances y descubrimientos sorprendentes que matarían de un infarto nuestro indio taíno; si resucitara hoy, enloquecería antes de poder comprender lo que ve. Sin embargo, en términos de relaciones humanas hemos retrocedido a la época del garrote. Entonces, ¿realmente hemos progresado? Sí, parcialmente. ¿Qué hacemos con lo que hemos perdido? ¿Lo dejamos perdido o lo rescatamos?

No me malinterpretes, no soy ninguna puritana. No estoy en contra de la celebración tal cual la realizamos, de hecho, la disfruto mucho. Comemos, bebemos, bailamos, cantamos e intercambiamos regalos para celebrar los motivos que nos reúnen y sobretodo, nos unen; el amor y la esperanza. Los regalos no son el motivo; son el detalle con el que expresamos nuestra alegría y buenos deseos. Con eso en mente, comparto con ustedes, que de alguna forma nos acompañan todo el año, regalos de paz y amor. Con ellos lograremos el cambio que tanto anhelamos, ya que este empieza en el interior de cada uno.

Dicen que el que busca encuentra. Entonces, busca, busca con hambre, busca con urgencia, busca sabiduría, serenidad, esperanza, perdón, busca amor. Compártelos con tu familia, en el vecindario, regálalos en cada acto y en cada palabra. Tal vez no tengamos vida para ver los frutos, pero nuestros hijos y nietos sí, y eso, saber que ellos estarán bien, me da felicidad. Sé generoso contigo. Cree en ti. Ámate, perdónate, acéptate, permítete nacer de nuevo. Enriquece tu alma y enriquecerás tu vida. Atrévete a nacer de nuevo. Hoy es el día, hoy es tu día, ¡tú eres tu Navidad! Seamos como una fuente radiactiva de paz y de amor. “Contaminemos” al mundo. Y que se cumpla la promesa.

¡Feliz tú! ¡Feliz nacimiento! ¡Feliz Navidad!

Foto: IStock

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