Aprendamos a dar gracias

Me huele a pavo, ¡me huele a Navidá’! ¡Qué rico!

Hoy todo es algarabía; no solo festejamos el Día de Acción de Gracias, sino también para darle la bienvenida a la Navidad. Hablemos un poco de la acción de dar gracias.

Con tantos eventos pasando en el hogar, la isla y el mundo, no faltará quien se pregunte ¿dar gracias por qué? Pues digo yo, para empezar, dar gracias por la vida. Luego por la salud. Después, por tantas bendiciones que tienes y que posiblemente, agobiado por tantas presiones de la vida, están pasando inadvertidas.

Crecí escuchando que mientras hay vida, hay esperanza, y como sobreviviente de cáncer, te aseguro que es cierto. Si todavía no me crees, pregúntaselo a un hombre que apuesta a que su esposa puede vencer su depresión o a una madre cuyo hijo se debate entre la vida y la muerte. La rosa no deja de ser bella solo porque tiene espinas y lo mismo pasa con la vida. Las piedras son parte del camino, pero no son el camino.

El camino también tiene tramos hermosos. Y eso es lo que con frecuencia se nos pasa; no lo vemos. Nos quedamos fijados en las espinas, las piedras, lo negativo, y dejamos de ver lo bueno y lo bonito. Dejamos de contar bendiciones. Aquí es a donde quería llegar; hoy, cuando estés dando gracias, agradece por el simple (y a la vez no tan simple) acto de respirar.

¿Cómo sabríamos que el trayecto es interesante, desafiante, exquisito, si no existiera exactamente lo contrario? No, no habría forma… y sería bien monótono; ¡terminaríamos aburriéndonos de lo mismo! Los tropiezos también son necesarios; no permitas detengan tu caminar. Como les decía a mis chicos cuando eran pequeños: “te caíste, le lastimaste, lloras, te recuperas y sigues pa’lante hasta la próxima”. Claro, que en ese proceso, sería ideal tener a alguien que te apoye y consienta como lo hacía y siendo haciendo con ellos.

Lee también: Sonríe ¡y te sentirás mejor!

La vida es como es y muchas veces es como es debido a nuestras acciones o decisiones. Si bien es cierto que no siempre tenemos control sobre lo que nos pasa, sí somos responsables de la actitud que tomamos ante los eventos que nos afectan.

Así, en lugar de victimizarnos por lo que hicimos o no hicimos, lo que nos pasó o no nos pasó, empecemos a tomar responsabilidad por nuestras decisiones –buenas o malas– o por el otro lado, asumir responsabilidad por la postura que hemos asumido ante las circunstancias que la vida nos ha presentado y sobre las cuales no tuvimos control. (Mi gente; tenemos que practicar el perdón, pero eso es tema de otro escrito).

Después de eso estaremos en una mejor posición para agradecer, que no es lo mismo que dar gracias. Dar gracias es, con frecuencia, una respuesta espontánea, casi automática, aprendida, producto de la educación y la cortesía que nos inculcaron desde la infancia. Otras veces damos las gracias para ponerle punto final a algo que han hecho por nosotros. Ser agradecido es otra cosa.

Ser agradecido implica demostrarle a la otra persona que realmente valoramos su presencia en nuestra vida, lo que aporta a nuestra existencia o ese algo que hizo por nosotros y por lo cual expresamos verbalmente nuestra gratitud. No, ser agradecido no es lo mismo que dar gracias; ser agradecido involucra más que una simple palabra.

Lee también: Celebrar la paz en plena lucha

Por eso te invito a que hoy, cuando vayas a dar gracias, lo hagas conscientemente. Que realmente seas agradecido por lo mucho o por lo poco que tienes, por lo dulce y lo amargo de la vida; es por ese amargo que lo dulce sabe más dulce y lo sabroso ¡más sabroso! (Claro, que también podríamos decirlo a la inversa; ¡¿pero cuál es la razón para ser tan negativo?!)

¿Qué no tienes trabajo? Agradece por la salud que tienes para conseguir uno. ¿Qué no es el mejor trabajo del mundo? Te aseguro que una persona desempleada desea tu trabajo. ¿Qué estás enfermo? Ve al hospital y mira cuántas personas hay enfermas, más que tú, y posiblemente sin alguien que las acompañe.

No, no se trata de conformarse, se trata de ser agradecido y no rendirse, de seguir en la lucha, aunque en ocasiones nos detengamos a coger un aire, o soltar una lágrima, y reenganchar de nuevo. Se trata de no perder la motivación para seguir adelante ni la esperanza de que algo bueno nos espera más adelante.

Agradece la cena de hoy y la de todos los días, porque no todos tienen el privilegio de acostarse a dormir con el estómago lleno. Más aún, mientras el viernes te estés quejando por toda la comida que sobró y ya el sábado botes los últimos vestigios del pavo porque no soportas ni siquiera la imagen de tanta comida, recuerda que el hambre es el mayor riesgo a la salud en el mundo. Y otra vez agradece por lo que te comiste ¡porque comiste!

De acuerdo al Programa Mundial de Alimentos (PMA), cada año el hambre mata a más personas que el sida, la malaria y la tuberculosis juntos. Tanto así que:

  • Aproximadamente 795 millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa. Eso es casi uno de cada nueve personas en la Tierra.
  • La gran mayoría de personas que padece hambre en el mundo vive en países en desarrollo, donde el 12.9 por ciento de la población presenta desnutrición.
  • La nutrición deficiente es la causa de casi la mitad (45 por ciento) de las muertes en niños menores de cinco años; esto es 3.1 millones de niños cada año.
  • Uno de cada seis niños –aproximadamente 100 millones– en los países en desarrollo tienen un peso inferior al normal.
  • Uno de cada cuatro de los niños en el mundo padece de retraso en el crecimiento. En los países en desarrollo la proporción puede elevarse a uno de cada tres.
  • 66 millones de niños en edad escolar primaria asisten a clases con hambre en los países en desarrollo. Solo en África hay 23 millones.
  • El PMA estima que se necesitan alrededor de $3.2 mil millones por año para llegar a todos los 66 millones de niños con hambre en edad escolar.

Te propongo que desde hoy le des un giro a tu vida y en vez de quejarte por lo “poco” que tienes, agradezcas por lo que tienes; no importa si es mucho o poco, simplemente da las gracias y agradece. Cada vez que abras la boca para quejarte ¡haz un clic mental! y en vez de quejarte y agradece tus bendiciones.

Lee también: Flaca para Navidad

Las quejas vienen porque miramos para arriba, y eso está bien; todos tenemos metas que deseamos alcanzar, pero también debemos mirar para abajo. Así, encontraremos que la pobreza no es solo hambre y malnutrición, sino que incluye la falta de ingresos y recursos para garantizar unos medios de vida sostenibles.

Según las Naciones Unidas, entre sus manifestaciones figuran el acceso limitado a la educación y a otros servicios básicos, el discrimen y la exclusión social y la falta de participación en la adopción de decisiones. Solo para que vayamos siendo agradecidos:

  • 836 millones de personas viven en la pobreza extrema.
  • Aproximadamente 1 de cada 5 personas de las regiones en desarrollo vive con menos de $1.25 diarios.
  • Los elevados índices de pobreza se ven a menudo en países pequeños, frágiles y afectados por conflictos. En 2014, 42 mil personas tuvieron que abandonar sus hogares cada día en busca de protección debido a un conflicto.
  • En el mundo, 1 de cada 4 niños menores de 5 años no tiene una altura adecuada para su edad.

¡Qué ricos somos! ¿No te va pareciendo que somos afortunados y que sí tenemos muchas razones para dar gracias y ser agradecidos? Cuando seamos más conscientes de lo que tenemos, seremos más agradecidos. Nos acostumbramos tanto a lo que tenemos que dejamos de verlo como una bendición; la familia, los amigos, la salud de nuestros amados, nuestros sentidos que nos permiten relacionarnos con nuestro entorno… todos son bendiciones por las que deberíamos ser agradecidos ¡y felices!

¿Cómo ser agradecidos? Enriqueciendo la vida de otros. La necesidad en el mundo, como has visto, es variada y extensa. Ponte creativo y decide de qué forma puedes aportar para que nuestra casa, nuestro planeta, sea el lugar que anhelamos para nuestros descendientes.

No quiero despedirme sin escribir que somos unos duros (así lo dicen los más jóvenes) pronunciando la palabra “gracias”, la tenemos siempre en la punta de la lengua, lista para soltarla ante el gesto más sencillo (que conste, que ningún gesto es sencillo para el que lo recibe), pero todavía nos falta para ser agradecidos con tantas personas que a lo largo de la vida han tocado la nuestra de alguna manera.

Desde hoy, desde ahora, piensa en aquellos que han hecho algo significativo por ti y muéstrales tu agradecimiento. Hazlo por la persona, pero también hazlo por ti, porque agradecer es tan gratificante como recibir. Así, poco a poco, y uno a la vez, iremos saldando la deuda de tantos años en los que nos hemos limitado a dar tantos y tan cordiales ¡gracias!

Foto: IStock

No Comments Yet

Leave a Reply