Manejando el fracaso: 8 pasos para retomar tu meta

A lo largo de la vida, desde que comenzamos a caminar, muchas fueron las caídas, pero aún así nos levantábamos y seguíamos caminando.

En nuestra niñez nunca vimos los fallos como un tropiezo, sino que simplemente estábamos enfocados en que queríamos algo y seguiríamos intentando hasta que lo lográramos.

Observando esto, podemos pensar que a medida que vamos creciendo y adquiriendo inteligencia, deberíamos lograr las cosas con mayor facilidad que la primera vez que lo intentamos. Esto lamentablemente no es una realidad. Parte de vivir y crecer conlleva cometer errores y tropezarnos.

Sin embargo, ante el fracaso muchas personas deciden rendirse y resignarse al destino incierto de no lograr lo que quieren. Se dicen a sí mismos que es muy difícil lograrlo, que no tienen los recursos en el momento, incluso algunos dicen que “si está para mí, lo lograré”.

Nos convertimos en víctimas del fracaso. Comenzamos a ver el proceso de cometer errores como el gran monstruo que nos puede aplastar la vida. Algunos sucumben ante él. Otros ven el fracaso como una oportunidad y desarrollan la resiliencia.

¿Qué es la resiliencia?

Es la habilidad para adaptarnos a los cambios ante situaciones adversas, incluyendo traumas, amenazas y distintas fuentes de estrés. Es también cuán rápido nos levantamos de una caída y continuamos con nuestras vidas.

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El término es utilizado mucho en la psicología para destacar a las personas que salen adelante ante una pérdida o cambio abrupto. Además, puede ser utilizado y aplicado en la vida diaria. El que una persona sea resiliente no significa que no sufra o pueda caerse ante la adversidad. Al contrario, debido a estos eventos es que las personas desarrollan esa habilidad.

Antes se pensaba que las personas eran resilientes o no lo eran. Según estudios recientes, se ha probado que es una habilidad o destreza que se puede desarrollar.

Para hacer esto, debemos poner en práctica distintos pasos:

Reconocer que lo que deseamos aún no lo hemos logrado

Reconociendo que hemos fallado nos permitimos el espacio de llorar, lamentar, incluso hasta reírnos del suceso. Somos seres humanos y expresamos nuestras emociones. Es saludable expresar lo que sentimos y ser honestos. No hay nada mas liberador que expresar las emociones después de un fallo y seguir adelante. Si brincamos este paso, esa emoción se acumulará junto a un pensamiento negativo de la experiencia y cuando nos encontremos ante una situación parecida, repetiremos el suceso hasta poder liberar esa emoción.

Ver los obstáculos como oportunidades

Los obstáculos realmente son bendiciones disfrazadas. Debemos en ese momento identificar el hecho, el suceso y separarlo de nuestra interpretación. Ejemplo de esto es cuando perdemos un empleo. Para algunas personas puede ser desastroso porque piensan que se les va la vida, para otros es algo de poca importancia porque se dicen a sí mismos: “vendrá algo mejor”. Aquí el suceso es, “ya no trabajas para esta empresa”, la interpretación que hacemos es la que nos mantiene en el suceso y nos encadena a revivirlo el dolor del mismo una y otra vez.

Cada vez que revivimos el suceso, volvemos a experimentar el dolor, el cual se convierte en sufrimiento. Recuerda como dice el dicho, “el dolor es inevitable, el sufrimiento es una opción”.

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Al separar el suceso de la interpretación que hacemos del mismo, podemos dejar de sufrir, dejar de revivir y perpetuar el dolor en nosotros. Si es necesario, hay que llorar, gritar, soltar el golpe, para luego respirar y hacernos la pregunta, ¿cuál es la bendición oculta aquí? ¿cuál es el regalo en esto que aun no estoy viendo?

Recordar que este momento no durará para siempre

Después de la tormenta, viene la calma. Ante la adversidad, observa aquello que puedas hacer para mejorar la situación y hazlo. Lo que esté fuera de tu control, déjalo ir. No puedes hacer nada al respecto.

Conecta con lo que quieres

Enfócate nuevamente en lo que quieres. Piensa en lo que deseas alcanzar y evalúa para qué deseas intentarlo nuevamente.

Busca tus puntos fuertes y tus puntos débiles

Escribe una lista de 10 fortalezas importantes que adquiriste después de fallar. Observa cuales desarrollaste durante este proceso. Ponlas por escrito, para que las puedas observar fuera de ti. Si lo dejas solo en tu cabeza, no tendrá el mismo efecto de hacerte consciente. Cuando lo hagas te darás cuenta que después de todo, no perdiste nada sino que adquiriste más conocimiento.

Además, anota 10 debilidades o áreas de oportunidad. Identifícalas y escríbelas. Si para lograr tu objetivo requieres trabajar una de tus debilidades, hazlo. Incluso, pide apoyo a amigos y familiares que tengan estas áreas fortalecidas para que trabajen en equipo contigo y te muestren el camino para fortalecer esas áreas en ti.

Plantea una nueva estrategia

Esto te va ayudar a observar posibles áreas de trabajo que la vez anterior no habías tomado en cuenta. Busca otras personas que lo hayan logrado y observa sus comportamientos, sus prácticas diarias y su enfoque. Emula aquellas conductas que hicieron que fueran exitosos.

Toma acción

Muévete hacia tu objetivo. Que nada ni nadie te detenga.

Celebra tu resultado, pase lo que pase

No importa cual sea el resultado, has ganado como quiera. Lograste lo que querías o adquiriste conocimiento. Es como ir a la escuela, depende de ti aprender e implementarlo en tu vida.

Fallar es simplemente un resultado, no es el fin del mundo. Cada NO es una nueva oportunidad. Un momento nuevo para crear lo que quieras. Todos estamos creciendo y vamos a cometer errores hasta aprender la lección.

Si aceptas este pensamiento, la próxima vez que cometas un error o no obtengas el resultado que esperas, no le darás tanta atención ni energía a lo mal que te fue, sino que te levantaras con mayor fuerza para dirigirte a tu meta.

El autor es sanador pránico certificado y life coach. Puedes contactarlo a través de su página de Facebook o su correo electrónico goldenhealer82@gmail.com.

Foto: IStock

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