La línea finita entre explicar y justificar

Los procesos de comunicación representan uno de los retos de mayor dificultad en las relaciones humanas, y más aún cuando se trata de las parejas, por el alto contenido de emociones y sensibilidades que presuponen.

En los procesos de comunicación, no solo basta hablar el mismo idioma, sino que al expresarnos ponemos en juego un sinnúmero de factores, tales como significados particulares que cada persona da a las palabras o expresiones, los gestos, actitudes, entonación, volumen de la voz, pausas y silencios, lo que se intenta decir versus lo que se dice y lo que el otro interpreta de lo que se ha dicho, entre otras cosas.

Todo esto también dependerá de las experiencias de vida, las características de personalidad, la facilidad con que se puedan expresar o no los pensamientos, emociones e ideas; así como la interpretación de la situación, las expectativas y actitudes hacia el proceso y hacia la persona con la cual se comunica. Así que cualquier intento de expresar o comunicar algo representa un ejercicio complejo y más aún cuando se trata de resolver conflictos.

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Cuando se suscitan problemáticas en la relación de pareja, ya sea porque alguno hizo o dijo algo que molestó, lastimó u ofendió al otro, usualmente se inicia un proceso en el que ambas partes expresarán sus ideas, interpretaciones de los hechos, sentimientos, etc., lo que pudiera manifestarse mediante la expresión de un reclamo por parte de uno y un intento de explicación o justificación por parte del otro.

Es natural intentar hacer entender al otro las razones por las cuales actuamos o nos expresamos de cierto modo, principalmente si entendemos que ha habido un malentendido o estimamos como injustos los planteamientos de la otra persona. Siempre que existan diferencias entre la pareja debe haber espacio para el dialogo, así ambos podrán explicar su sentir.

Las explicaciones van a estar presentes de una u otra forma ya que por definición es un proceso de expresar un concepto, sentimiento, fenómeno o suceso de forma clara y detallada para que sea comprensible; es decir, que nos tomamos el tiempo para clarificar lo sucedido con detalles para facilitar la comprensión de lo ocurrido.

Como parte del proceso de explicar, pudiéramos terminar por justificar nuestras acciones, lo cual es válido, siempre y cuando no se trate de evitar asumir las consecuencias de los actos. Una justificación es un argumento para demostrar algo con pruebas que faciliten la comprensión de las acciones o comportamientos.

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Para que sea necesaria la justificación, una acción debe ser incomprendida o repudiada por la otra persona. Usualmente asumimos las justificaciones como algo negativo, pero cada persona tiene el derecho de hacer sus planteamientos y de probar sus puntos, principalmente si siente que se encuentra en una situación en que sus acciones o intenciones han sido malinterpretadas.

No obstante, la tendencia a justificar de manera continua y tratar de buscar pruebas que validen nuestras acciones, sin analizar o dar importancia a las repercusiones que nuestra conducta pudiera tener en los demás sugiere una pobre introspección y dificultad para reconocer nuestras fallas y áreas a mejorar. Esto pudiera representar un problema grave en nuestras relaciones.

A continuación, recomendaciones para facilitar la comunicación: 

  • Recuerda que tanto tú como tu pareja tienen el mismo derecho de expresarse y explicar sus puntos. El hecho de que tengan puntos de vista distintos no significa que deban entrar en un conflicto, es cuestión de respetar mutuamente las ideas, sentimientos y necesidades de cada uno.
  • Cuando somos asertivos, expresamos nuestro sentir sin ofender, gritar o violentar a la otra persona. Hay que ser empáticos y tratar de ponernos en el lugar del otro; esto nos ayuda a comprender mejor a nuestra pareja.
  • En las relaciones de pareja es una regla de oro evitar asumir que sabemos lo que el otro piensa, siente, quiere o qué intenciones tiene. Del mismo modo, no debemos asumir que nuestra pareja ha entendido con exactitud lo que hemos querido decirle o las intenciones que tenemos. Clarificar con el otro qué hemos querido decir o lo que nos ha querido decir puede ahorrarnos muchos conflictos y sinsabores.
  • Debemos ser lo suficientemente responsables y humildes como para aceptar nuestros errores. Así evitamos extender un conflicto innecesario y tenemos la oportunidad de crecer como personas, a la vez que fortalecemos nuestra relación. Es importante que cuando reconozcamos en qué hemos fallado, nos dediquemos a trabajar con ello, ya que una vez logramos identificar lo que nos afecta, somos responsables de tomar acción.
  • Deja saber a tu pareja que lamentas haberle lastimado o molestado aun cuando no ha sido nuestra intención. Esta acción resulta ser muy valiosa y sanadora.
  • Trata de no hablar bajo coraje. El coraje es una emoción fuerte que en ocasiones nos lleva a decir o hacer cosas negativas, siendo mucho más difícil expresarnos con claridad así como comprender lo que el otro trata de decirnos. En ocasiones necesitaremos un tiempo para calmarnos, clarificar nuestros pensamientos y retomar el tema.
  • Entra en contacto con tus emociones y acciones, y analízalas tratando de ser lo más objetivo posible. Mediante este ejercicio, entre otras muchas cosas, pudiéramos descubrir que con frecuencia tendemos a malinterpretar lo que nuestra pareja nos dice o respondemos con una emotividad mayor a la esperada o, por el contrario, pudiéramos descubrir por qué se nos dificulta tanto aceptar nuestras faltas o por qué con frecuencia tratamos de justificarnos aun cuando en el fondo sabemos que no tenemos la razón.
  • Los procesos de comunicación son esenciales para mantener una relación saludable. Mantente abierto siempre a conversar con tu pareja, a escucharle y promover momentos para este intercambio. Sé muy cuidadoso y responsable con tus palabras pues es un arma poderosa que puede servir para crear, pero también para destruir.

La autora es psicóloga clínica. Si deseas mas información, llama al (787) 392-9990.

Foto: IStock

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