Mitos y realidades de la lactancia

En una sociedad tan heterogénea, con unos a favor de la lactancia, que dignifican el acto y otros en contra, muchas madres se encuentran ante la disyuntiva de darle o no el pecho a su bebé.

A continuación, te presentamos algunos de los mitos más difundidos, según March of Dimes.  

Mito 1:

Amamantar frecuentemente al niño reduce la producción de leche, produce un reflejo de eyección débil y el fracaso de la lactancia

Realidad:

La cantidad de leche que una madre produce llega a su punto óptimo cuando se le permite al niño sano amamantar tantas veces como lo necesite. El reflejo de eyección de la leche opera más fuertemente en presencia de un buen suministro de leche, que normalmente ocurre cuando se alimenta al niño a demanda, es decir, sin imponer horarios.

Mito 2:

Una madre necesita amamantar únicamente de cuatro a seis veces cada 24 horas para mantener una buena cantidad de leche.

Realidad:

Los estudios demuestran que cuando una madre amamanta frecuentemente desde que nace el niño, con un promedio de 9.9 veces cada 24 horas durante los primeros 15 días, su producción de leche es mayor, el niño aumenta mejor de peso y la madre amamantará durante un período de tiempo más largo.

La producción de la leche ha demostrado estar relacionada con la frecuencia de las tomas. La cantidad de leche empieza a disminuir cuando las tomas son poco frecuentes o restringidas.

No hay que olvidar que muchos bebés recién nacidos comen cada hora y media o cada dos horas, lo cual es normal y frecuente.

Dietas y lactancia

Mito 3:

Los niños obtienen toda la leche que necesitan durante los primeros cinco a diez minutos de mamar.

Realidad:

Aunque muchos bebés mayorcitos pueden tomar la mayor parte de su leche en los primeros cinco a diez minutos, esto no es generalizable a todos los niños. Los recién nacidos, que apenas están aprendiendo a mamar, no siempre son tan eficientes al pecho y a menudo requieren mucho más tiempo para comer. Poder mamar también depende del reflejo de bajada de la leche materna. Aunque a muchas madres les baja la leche casi inmediatamente, a otras no les sucede igual. En algunas, la bajada de la leche es escalonada, tiene lugar varias veces durante una sola toma.

En vez de adivinar, es mejor permitir que el niño mame hasta que muestre señales de satisfacción, como soltarse él solo o tener los brazos y las manos relajados.

Mito 4:

Las madres lactantes deben espaciar las tomas para que puedan llenársele los pechos.

Realidad:

Cada pareja madre/hijo es única y diferente. El cuerpo de una madre lactante siempre está produciendo leche. Sus senos funcionan en parte como “depósitos de reserva”. Cuanto más vacío esté el pecho, más rápido trabajará el cuerpo para reabastecerlo. Cuanto más lleno esté, más lenta será la producción de leche.

Si una madre espera a que se le “llenen” los pechos antes de amamantar, su cuerpo puede recibir el mensaje de que está produciendo demasiada leche y, por tanto, reducir la producción.

Mito 5:

 A las ocho semanas de edad, el niño solo necesita entre seis y ocho tomas de leche materna; a los tres meses, solo requiere de cinco a seis tomas; y a los seis meses, no más de cuatro o cinco tomas al día.

Realidad:

La frecuencia de las tomas del niño alimentado al pecho varía de acuerdo con factores como la producción de leche de la madre y su capacidad de almacenamiento (las madres con más pecho en general tienen mayor capacidad de almacenamiento) y las necesidades de crecimiento del niño.

Los días en que se producen picos de crecimiento (días de mayor frecuencia) o el pequeño está enfermo, pueden cambiar temporalmente los patrones alimenticios del bebé.

Es importante tener en cuenta que el consumo calórico del niño aumenta al final de la toma, así que imponer límites arbitrarios sobre la frecuencia o duración de las tomas puede desembocar en un consumo demasiado bajo de calorías por parte del niño.

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Mito 6:

Es la cantidad de leche que el niño consume, no si es leche materna o de fórmula, lo que determina cuánto tiempo aguanta un niño entre dos tomas.

Realidad:

Los niños amamantados vacían el estómago más rápidamente que los niños alimentados con biberón: aproximadamente en 1.5 horas en vez de hasta 4 horas. Esto se debe al tamaño mucho menor de las moléculas de las proteínas que forman parte de la leche materna y las cuales se digieren con mayor rapidez. Aunque la cantidad de leche que se consume es uno de los factores que determinan la frecuencia de las tomas, el tipo de leche es de igual importancia.

Mito 7:

Nunca despiertes al niño que duerme.

Realidad:

Aunque es verdad que la mayoría de los niños indican cuándo tienen hambre, es posible que los recién nacidos no se despierten tan a menudo como lo necesitan, por lo que hay que despertarlos para que coman por lo menos ocho veces cada 24 horas.

Quizá no se despiertan a causa de los medicamentos que recibió la madre durante el parto, por ictericia, trauma, chupete de entretención, medicamentos maternos o comportamiento introvertido por parte de los niños a los que se les hace esperar cuando dan señales de hambre.

Además, las madres que quieran aprovechar la infertilidad natural que produce la amenorrea durante la lactancia comprobarán que el regreso de la menstruación se demora más cuando el niño sigue mamando de noche.

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