Consejos para lidiar con los “tantrums” de tus hijos

Nuestros hijos pequeños tienen esta maravillosa capacidad de sacarnos por el techo con sus tantrums en los momentos menos esperados. Sin embargo, si conocemos el qué y el porqué de esto, podemos atajar la situación y convertirla en aprendizaje.

Una breve clase de neurobiología: el cerebro —en palabras sencillas— tiene tres partes esenciales que debemos conocer: el tronco cerebral, que tiene a cargo nuestras funciones automáticas; el sistema límbico o la parte del cerebro que controla las emociones y cuya función es como un sistema de alarma; y la corteza prefrontal, que es la que nos permite pensar, analizar, tomar decisiones y no se desarrolla totalmente hasta la adultez.

Un proceso de madurez

Los niños pequeños sobreviven por este sistema de alarma que hace que los adultos hagan cosas por ellos y lo utilizan para lograr lo que quieren y de ahí los famosos temper tantrums.

Los adultos debemos aceptar que esto es parte de su proceso de madurar y no retirarles el afecto por ello. Recordemos que los seres humanos estamos “alambrados” para la conexión y desde que somos niños comienza la competencia entre estos dos impulsos: el de la autonomía y el de la conexión.

Esta situación es la base para los conflictos que surgen entre hijos y padres en la crianza de estos.

Así que debemos empezar por reconocer que es importante reconectar con el niño para luego poder redirigir su conducta. De otra manera, sus respuestas seguramente van a ser reactivas y probablemente las nuestras también.

Cuando hablamos de disciplina, lo que nos viene a la mente es “castigo”. Pero realmente disciplinar es “educar”, lo cual es un re-enmarque totalmente diferente de este concepto.

Los momentos de disciplinar a nuestros niños están llenos de emociones intensas, que requieren establecer límites y son muy desafiantes, pero llenos de oportunidad.

Lo más importante es que podamos conectar con el estado emocional de nuestro niño, para poderlo llevar de un estado reactivo a uno receptivo en que lo ayudemos a aprender lo necesario para actuar de manera calmada.

Los estados reactivos son cuando ocurren las peleas intensas, las perretas y la negatividad y ahí es cuando el sistema de conexión emocional se desconecta.

Busca la conexión

Si nuestros hijos perciben que estamos ahí y que los entendemos en sus momentos de malestar aunque no cedamos a sus exigencias, se sentirán seguros en nuestra presencia y una comunicación efectiva puede fluir para poder redirigir la conducta hacia lo que queremos.

Ejemplos de estos son no irse a bañar cuando ya se lo hemos dicho dos veces, pegarle a un hermanito o no apagar el televisor o el iPad para irse a dormir; eventos de la rutina de todos los días que pueden convertirse en una guerra y una lucha de poder que daña la relación y crea frustración tanto en los padres como en los niños.

Los padres muchas veces responden de maneras que hacen que los niños no puedan regularse emocionalmente.

Kim John Payne dice que nunca ha conocido un niño desobediente, sino niños desorientados. Si el niño está desregulado emocionalmente, lo que hace es que actúa de manera que llama nuestra atención (o activa el sistema de alarma en acción).

Si podemos actuar de forma calmada, firme y estableciendo límites, el niño se sentirá seguro y entonces podemos redirigir su conducta.

Algunos consejos en medio de un tantrum son:

-El primer paso es detenernos y pensar. Quizás nos ayude tomar varias respiraciones profundas para hacer esto y preguntarnos: “¿Por qué hizo esto?”, “¿qué yo quisiera que aprendiera?” y “¿cuál es la mejor manera de enseñarle?”.

-Gritar o pegarle no es una solución, pues esto solo nos llevará a crear drama en nuestra relación con ellos.

-Veamos también si es el momento apropiado para enseñarle una destreza. Cuando su sistema emocional está alterado, todo lo que le digamos será en vano, así que no pierdas el tiempo tratando de razonar en el medio de una perreta.

-Recuerda que la clave siempre es reconectar primero y luego redirigir la conducta. Nuestra meta es que logren autorregularse y autodisciplinarse.

-Si tu niño requiere muchos momentos de time-out, quizás necesita ayuda para manejar su relación con lo que sucede a su alrededor. Tratemos de crear una “zona de calma” a la que pueda ir cuando necesite calmarse.

-Hazle saber que estás ahí para él, aún cuando no se esté portando como quisieras.

En conclusión, la clave ante una conducta negativa es: detente, respira, reflexiona, conecta y luego que se calme, ayúdalo a redirigir su conducta. Te aseguro que también te sentirás aliviado y conectado.

La autora es psicóloga consejera y especialista en parejas y familias.

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