¿Una nueva forma de matrimonio?

¿Convivir o casarse? Esa es una interrogante que cada vez más tienen las parejas entre 18 y 45 años de edad.

La convivencia con la pareja antes de casarse es una costumbre que existe en sociedades modernas y cada día se refuerza más. Se dice que entre 60 y 80% de las parejas viven en concubinato antes de contraer matrimonio.

Según las estadísticas oficiales, en los Estados Unidos, el 50% de las parejas que se casan por primera vez termina separada o divorciada. Si deciden intentar un segundo matrimonio, la tasa de fracaso se eleva a un 67% y si deciden un tercer matrimonio, la tasa puede alcanzar un 74%. Eso no significa que segundos o terceros matrimonios no sean exitosos, pero el porcentaje de fracaso es alto.

Existen muchos factores para que ocurran estas tasas tan alarmantes de fracaso matrimonial; algunos de estos pueden ser el conocimiento gradual de la pareja y el descubrimiento de aspectos que resulten desagradables y que despierten sensaciones de estar atrapado en una situación difícil de superar.

En los segundos matrimonios se puede observar una menor tolerancia a las dificultades; algo así como: “Si pude soportar la separación de mi primer matrimonio, no tengo que aguantar esto”.

La teoría de Becker dice que el número de hijos y sus edades son unas variables importantes en la determinación de mantenerse o, por el contrario, terminar una relación matrimonial. A menor edad (menor de 6 años) y mayor cantidad de hijos, mayor probabilidad de permanecer en el matrimonio.

Estamos viviendo tiempos de cambios y muchos de estos los podemos observar en las sociedades y en la configuración y estructuración familiar.

Hasta hace poco tiempo se creía que la convivencia auguraba una separación o un rompimiento de la pareja debido al aumento de posibilidades de confrontación, infelicidad, conflictos matrimoniales, violencia e infidelidad además de falta de compromiso con la relación. Los estudios más recientes al respecto arrojan un resultado diferente y opuesto. La tendencia es que 60% de las parejas a nivel mundial convive antes de casarse y por este hecho no incrementa la separación de la pareja.

Wendy D. Manning, codirectora del Centro Nacional para la Investigación de la Familia y el Matrimonio de la Universidad Estatal de Bowling Green en Ohio, así lo dice: “Actualmente es muy común convivir antes de casarse y ya no afecta negativamente la estabilidad matrimonial”.

El estudio reveló que quienes estaban comprometidos y vivían juntos antes de casarse tenían igual posibilidad de tener matrimonios que duraran 15 años, que las parejas que no convivieron.

Una tendencia dentro de la modalidad de convivencia es lo que llaman matrimonio beta (beta marriage), conocida por jóvenes de la llamada generación del milenio, ante el temor de atravesar la experiencia de divorcio que tuvieron sus padres.

En los Estados Unidos, uno de cada dos matrimonios termina en divorcio y estas nuevas generaciones pretenden evitar los fracasos de sus padres y experimentar en primera persona las dificultades de la convivencia sin perder tiempo con una pareja que no comparta metas parecidas.

Casi 45% de esta generación del milenio apoya el matrimonio beta, que no es más que un modelo que implica una etapa de conocimiento mutuo de dos años y luego de transcurrido ese periodo de tiempo, el contrato puede continuar o ser disuelto para la búsqueda de otras personas.

Esta generación del milenio también apoya que los términos del contrato sean por cinco años o más, hasta 10 años, y otros apoyan el método presidencial, es decir con una duración de cuatro años y la posibilidad de al término de este periodo disolver la unión y buscar otra pareja.

 El acuerdo de los matrimonios beta puede ser un contrato oral o escrito entre la pareja, en el cual se fija un tiempo de dos años para el conocimiento y la convivencia. Al final de ese tiempo el contrato puede ser renovado o disuelto con la separación de la pareja. El matrimonio estaría con los mismos acuerdos a cinco o 10 años y al final de ese tiempo se renueva el contrato o se cancela.

Estamos ante una generación de cambios que apoya la inutilidad de estancarse en patrones establecidos, dándole un sentido dinámico a las relaciones, como es la apertura al cambio. Finalmente, la decisión de convivir o casarse es una opción exclusivamente personal de cada pareja.

 Consejos para un mejor matrimonio

Conversa más

Sin lugar a dudas, la buena comunicación y el entendimiento van de la mano. Comunícate con tu pareja de una manera honesta, responsable y directa. Siempre hablando de sí mismo, nunca de la pareja; eso hará que no haya malos entendidos y que puedan comprenderse, compartir sentimientos y opiniones para llegar a acuerdos y pactos que hagan más llevadera la relación.

De esta manera, se evitarán resentimientos y ruptura de la comunicación.

La tecnología puede ser una herramienta muy útil para la comunicación de la pareja. Usa el correo electrónico y los mensajes de texto para enviarle pensamientos de afecto y no permitas que esta herramienta se interponga entre ustedes.

Aprende a escuchar

Esto ayuda a relacionarte mejor con tu pareja. Escuchar y sentir que eres escuchado produce empatía y sensación de ser entendido. Escuchar enseña a comprender al otro y sentirte emocionalmente más cercano. Evita interrumpir y contradecir, permite que tu pareja termine su pensamiento; eso hará que haya más entendimiento y comunicación.

Sean amigos(a)

Ser amigo (a) de la pareja tiene muchas ventajas; la complicidad en la relación y el humor son ingredientes muy importantes. Lo que diferencia la amistad de una relación de pareja es la sexualidad, pero si combinamos amistad, sexualidad, humor y complicidad, estás muy cercano a un amor completo y cabal. Para ser amigo (a) de tu pareja hay que pasar tiempo juntos; la comunicación, el humor y el apoyo mutuo en los sueños, decisiones y carreras forjarán una relación de pareja sólida.

Hagan pequeños esfuerzos

La relación exitosa de una pareja no es solo ilusión. Para que funcione debemos esforzarnos día a día con pequeños gestos de afecto, comunicación, trabajo en equipo, colaboración, planificación y cuidados tanto afectivos como físicos, entre otros.

La educación de los hijos, la rutina, el exceso de trabajo, el cansancio y el estrés son, sin lugar a dudas, una fuente constante de aniquilación de la pasión y ruptura de la sensación de bienestar. Esforzarse por un compromiso mutuo, metas en común y tiempo compartido, además de gestos de cariño y afecto, harán que mejoren las probabilidades de mantener en el tiempo una pareja exitosa.

Si a pesar de todo lo anterior, se mantiene un nivel de conflicto importante, no dudes en buscar ayuda con un especialista en parejas que pueda guiarlos y mediar hasta solucionarlo.

La autora es sexóloga clínica y experta en parejas.

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