¿Tiene tu niña el síndrome de la princesita?

Dicen que soñar despierto no cuesta nada y es por eso que los sueños son maravillosos y necesarios en cada etapa de nuestra vida. Muchos de estos se van desarrollando para luego transformarse en metas reales.

Soñar despierto nos brinda un sentido de esperanza hacia el futuro. Es en la niñez cuando va surgiendo este concepto de incrementar la imaginación. ¿Qué niña no ha soñado en convertirse en toda una princesita? A muchas les gustaría ser alguna de las princesas de Disney y, hasta cierto punto, se puede ver como un deseo inocente y propio de la etapa en que se encuentran.

Los padres y familiares se emocionan con el tema de las princesitas y les compran todo tipo de objetos asociados con ellas. Les decoran el cuarto, adquieren los efectos escolares, les compran la vestimenta y hasta el maquillaje. Por ende, las niñas desean imitar cada aspecto de ellas, incluyendo su comportamiento.

Ahora bien, ¿hasta qué punto es saludable transmitirles la importancia de ser princesitas en todo momento? Ese juego inocente se va plasmando en su inconsciente hasta el punto de convertirse en un estilo de vida. Pudiera ser que algunos de sus cuidadores principales comiencen a tratarlas y educarlas para ser princesitas.

Existe el concepto llamado síndrome de la princesita, que se refiere a las ideas irracionales que desarrolla una niña como consecuencia de la promoción desenfrenada de los cuentos de princesas en los que se enfatiza la belleza física como característica esencial para encontrar el amor y la felicidad. Este tipo de mensaje distorsionado, producto de nuestra cultura y de los medios, tiene un gran impacto en su autoestima. Los valores que se transmiten están relacionados con la apariencia, adquisición de bienes materiales, dependencia y hasta egoísmo.

La niña va creciendo y cree que debe ser el centro de atención. Los padres tienen la encomienda de distinguir entre el juego ficticio y la realidad. La forma en que son educadas puede influenciar el hecho de idealizar a las princesas. Por ejemplo, los padres permisivos son aquellos que les permiten a sus hijos hacer lo que a ellos les plazca. A largo plazo les perjudican, pues no aprenderán sobre límites ni a responsabilizarse por sus acciones. Entienden que se lo merecen todo y, como consecuencia, aplican esta actitud en la vida diaria y en sus relaciones interpersonales, incluyendo amistades y personas de autoridad, pudiendo generar conflictos de pareja cuando crezcan. Cuando se enfrenten a la vida real, fuera de ese entorno idealizado que se fomentó en el hogar, tendrán conflictos, ya que el mundo no es un cuento de hadas.

Las niñas que han adoptado el síndrome de la princesita piensan que se lo merecen todo y desean en el futuro encontrar un príncipe azul que las rescate. Nuevamente podemos ver el concepto irreal, pues no existe un príncipe azul. Existen seres humanos imperfectos con defectos y virtudes. No es incorrecto decirles a sus hijas que son unas princesitas, pero sí puede ser erróneo adoptar una crianza que gire en torno a este concepto como tal, en la cual se les complazca en todos sus caprichos y la belleza sea el valor principal.

Consejos para evitar el síndrome de la princesita en el entorno familiar:

-Fomentar la independencia

-Promover una autoestima saludable

-Participar de los quehaceres del hogar

-Aspirar a desarrollar una carrera profesional

-Demostrar que toda acción tendrá consecuencias

-Inculcar valores relacionados con la generosidad, perseverancia, humildad y diversidad, entre otros

-Ver películas de princesas y explicarles que la realidad es muy distinta a lo que se transmite.

Soñar es un mecanismo natural en el ser humano en el cual se fomenta la imaginación y, si se hace de forma constructiva, brindará resultados positivos. Los exhorto a que estimulen en las niñas la importancia de soñar, ser creativas y cumplir con sus sueños de una forma saludable y realista.

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