Dieta y ejercicios son clave para prevenir el Alzheimer

Estudios epidemiológicos indican que la demencia y el Alzheimer son afecciones multifactoriales cuyos riesgos pueden ser modificados.

Entre estos, aquellos relacionados con el sistema vascular, especialmente en la mediana edad, (como la hipertensión, el colesterol alto y la diabetes) han sido asociados con una posibilidad mayor de padecer demencia y alzhéimer. Existen también detonantes psicosociales como la soledad, la depresión, la desesperanza y el estrés.

Hay interacciones genético-ambientales así como condiciones ambientales que tienen un efecto más pronunciado entre aquellos que son portadores del ApoE4, el principal factor genético de riesgo de alzhéimer.   

Ejercicios y menor riesgo de demencia

De todos los estudios concernientes al estilo de vida y la salud del cerebro, así como también de la posibilidad de un menor riesgo de alzhéimer y otras clases de demencia, probablemente la evidencia más fuerte y contundente es la que existe para apoyar llevar a cabo actividad física regularmente.

Se evaluó la relación entre el momento en que se comienza a hacer ejercicios (mediana edad –entre los 50 y los 65 años– versus más tarde en la vida –a partir de los 70–) y el riesgo de que surgieran nuevos casos de demencia en 280 adultos mayores (una media de edad de 81 años) con deterioro cognitivo leve. Estos formaban parte del estudio de la Clínica Mayo sobre envejecimiento. Sus hallazgos se reportaron en la Convención Internacional Anual de la Asociación de Alzheimer. Se escogió este grupo pues las personas con deterioro cognitivo leve tienen mayores posibilidades de desarrollar la mencionada enfermedad.  

¿Cómo fueron evaluados?

Los participantes completaron un cuestionario sobre la frecuencia e intensidad de ejercicios a través de su vida. Luego de seguirles por tres años, los investigadores encontraron que haber hecho ejercicios moderados durante la mediana edad se asociaba con un riesgo significativamente menor de que el deterioro cognitivo leve progresara a demencia. La asociación no fue igual para ejercicio liviano o vigoroso en la mediana edad o para nivel alguno de ejercicio en las etapas más tardías de la vida.

En un segundo estudio reportado en esta misma convención los investigadores evaluaron el periodo en la vida en que los participantes habían hecho ejercicios y el riesgo de nuevos casos de deterioro cognitivo leve. En este participaron 1,830 adultos mayores cognitivamente normales y que también formaban parte del estudio de la Clínica Mayo sobre envejecimiento.

Estos participantes fueron sometidos a evaluaciones neurológicas, exámenes cognitivos y un cuestionario autoadministrado sobre sus hábitos de ejercicio físico tanto durante su mediana edad como más tarde en su vida. A este grupo se le siguió por un poco más de tres años. Los científicos observaron que haber hecho ejercicio físico liviano durante la mediana edad y durante la edad más avanzada se asociaba con un riesgo menor de incidencia de deterioro cognitivo leve. Lo mismo sucedió con quienes hicieron ejercicio físico vigoroso durante la mediana edad y  moderado durante la edad más avanzada.

En resumen, se encontró que el ejercicio físico en diversos niveles, especialmente durante la mediana edad, es beneficioso para la función cognitiva.  Según los investigadores, aún estos estudios no son concluyentes. Se necesitan más para determinar el alcance y la naturaleza de la actividad física para proteger del deterioro cognitivo leve y la demencia.

***Fuente: Alzheimer’s Association

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