Peligra el acceso a los alimentos

¡Precaución! En Puerto Rico podría estar pasando hambre la clase media trabajadora, y también la clase baja, principalmente los niños.  Un hecho preocupante del cual conviene crear conciencia.

Los niveles de seguridad alimentaria en Puerto Rico peligran. La seguridad alimentaria solamente se consigue si los miembros que componen la comunidad tienen acceso físico, social y económico permanentes a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente como para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias, y así poder llevar una vida activa y saludable. Es la definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Inseguridad alimentaria

La nutricionista Winna Rivera, también catedrática del Programa de Nutrición de la Escuela Graduada de Salud Pública (EGSP) del Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la Universidad de Puerto Rico (UPR), explicó que “en Puerto Rico, a diferencia de la mayoría de los países del mundo, no miden la seguridad alimentaria”. La situación dificulta la asignación de fondos a comunidades necesitadas, así como el análisis de qué problemas de salud prevalentes en la comunidad podrían estar siendo afectados por esta circunstancia. “Los estudios han demostrado una asociación entre la inseguridad alimentaria y la obesidad, aunque suene paradójico”, expuso la catedrática. La falta de acceso a alimentos sanos debido al alto costo de muchos de estos alimentos –como las frutas y los vegetales-, fuerza a las personas a llevar a cabo elecciones poco nutricionales pero más económicas. “Estos alimentos bajos en costo son ricos en calorías. Hay estudios que también evidencian una relación entre inseguridad alimentaria, diabetes y problemas emocionales”, señaló la nutricionista.

Se quedan sin comer

Los siguientes fueron datos provistos por la doctora  Rivera, basados en estudios realizados por la EGSP.

De un 40 a un 64 por ciento de familias en la isla, residentes en el área metropolitana, han sufrido de inseguridad alimentaria. “Estas familias reportan que no pueden consumir una comida balanceada. Les preocupa la adecuación de su abasto de alimentación y quedarse en algún momento desprovistos en su hogar. Deben reducir el tamaño de sus porciones de alimentos y a veces no pueden comer nada en todo el día”. Se podría llegar a pensar que son familias de bajo nivel socio-económico, pero el dato más sorprendente es que, en efecto, esta situación también afecta a la clase media, a las personas trabajadoras, esas que deben hacer malabares para llegar a fin de mes, y así todo, no les rinde. Una de las áreas que más se afectan debido a esta situación es la alimentación. Rivera informó que “las familias de clase media han revelado en las encuestas que pasan hambre en algún momento del mes. No cuentan con suficiente dinero para acudir al supermercado y se acuestan sin comer”. Si hay niños, se agrava la situación. Los padres deben dejar de comer para que a sus hijos no les falte de la escasa comida que queda antes de llegar a la fecha de cobro salarial. “Muchos padres nos dijeron que aunque ellos coman tierra sus niños al menos deben comer algo, pero un porciento también nos reveló que los pequeños en ocasiones no comen en todo el día porque los progenitores no tienen con qué comprarles alimentos. Este dato se dio en el 13 por ciento de las familias que reciben ayuda del Departamento de la Familia. Es preocupante”. En otras palabras, un sector considerable de la población infantil de la isla pasa hambre.

Se encuentran inseguras

Otro estudio llevado a cabo entre familias de clase media y baja en una comunidad específica que la doctora Rivera prefirió no revelar, mostró que el 42 por ciento de las personas se encontraban “inseguras en cuanto a su nivel alimentario. Casi la mitad de estas personas son de clase trabajadora”. Una vez más, Puerto Rico sale mal parado al compararse con Estados Unidos. “En la nación la prevalencia de inseguridad alimentaria es de un 14.5 por ciento”.

Necesaria la producción local

Existe mucho por hacer, y la doctora Rivera sugirió las siguientes alternativas que, de ponerse en práctica, podrían mejorar los alarmantes números actuales.

  • Se deben identificar prevalencias y medir poblaciones en riesgo. Es necesaria la educación, llave maestra que abre cualquier puerta.
  • Es preciso desarrollar programas educativos para que las personas puedan aprender destrezas para un mejor uso de los recursos económicos.
  • Se necesita promocionar la producción de alimentos locales para bajar los costos y además concienciar de que son más nutritivos por ser producidos a nivel local. De esa forma se auspicia nuestra agricultura. La medida puede reducir el costo de los alimentos del supermercado porque surge una mayor demanda y producción.
  • Es necesario desarrollar mecanismos que permitan medir la inseguridad alimentaria de la misma manera que sucede en otras partes del mundo. De lo contrario, jamás se sabrá con exactitud la magnitud del problema.
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